Por: Elisa Marín Mejía

¡Queridos amigos!
Este es un primer acercamiento a un sueño de mi corazón que es rastrear las
familias de nuestros santos carmelitas. Ellos son nuestros guías espirituales,
compañeros de camino, amigos, maestros, confidentes. Aparecen una y otra vez de una y otra manera como enviados por el Espíritu Santo para animarnos en el camino.
Ellos caminaron en este mundo con “determinada determinación”, venciéndose a ellos mismos para unirse plenamente con quien sabemos nos Ama. Pero, si los primeros años de vida son los más importantes de un ser humano, ¿en qué hogares nacieron nuestros santos? ¿En qué cuna durmieron? ¿Cómo eran sus padres? Y por otro lado, ¿qué tuvieron para decirnos a quienes tenemos la sublime misión de la paternidad y la maternidad?
Recorriendo sus escritos encontramos mucho al respecto. Desde una Teresa de Jesús que habla directamente a los padres de familia dándoles consejos claros basados en su experiencia, pasando por Santa Teresita del Niño Jesús que nos hace conocer cómo eran sus padres y cual fue el hogar que Dios le regaló, hasta Santa Isabel de la Trinidad quien pasa toda su experiencia interior a su hermana “Guita” y la invita a vivir lo mismo pues “se encuentra a Dios lo mismo en la colada que en la oración”.
Pido a Dios que este pequeño libro sea una compañía para quien lo recorra página a página, dejándose iluminar por la experiencia de otros con pausa y mucha contemplación de cada palabra sabiendo que quien la escribió tiene mucho que decirnos ahora. Es tiempo de caer en la cuenta de la misión que nos ha sido confiada al construir la primera escuela del amor: El Hogar. El cuidado de los niños empieza por el trabajo interior de los adultos. Es tiempo de entregarnos del todo al Todo, a Aquel quien es el Amor. Es tiempo de determinarnos a nuestro encuentro interior con El, encuentro transformador y fuente de toda capacidad de la entrega total que nos pide para nuestros hijos.
Finalmente, debo hacer notar que las ilustraciones que acompañan estos textos son hechas por las manos de nuestro primer hijo, Simón del Karmel. Para Simón estas representan una experiencia con el color, la creación, la alegría, el asombro y el descubrimiento. Para nosotros sus padres un testimonio de la presencia plena y absoluta en un momento que le fue regalado.
Que Jesús, María y José intercedan por todas nuestras familias y nos guíen por el camino de la santidad.

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